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Traslado de Budapest a Praga – Día 5

Visita a una de las ciudades más bonitas de Europa

Tras nuestros maravillosos días por la perla del Danubio, tocaba cambio de latitud, y el destino no era otro que la que está catalogada como una de las ciudades más bellas de Europa: la inigualable Praga.

Ambas ciudades están muy bien conectadas mediante transporte público por lo que desplazarse entre ellas es relativamente rápido y sencillo. Veamos las opciones que existen.

Cómo ir de Budapest a Praga

Como acabamos de decir, existen varias formas de moverse entre ambas ciudades. Veamos cuáles son:

Opción 1. Tren diurno

Tienen una frecuencia de un tren cada 2 horas siendo el primero a las 05:25 y el último a las 15:25. Hay otro tren que sale a las 08:22 pero si tomáis este, deberéis hacer un cambio de tren en la ciudad checa de Breclav. Podéis elegir entre asientos de segunda clase (cuyo precio es de unos 29€ (Junio 2017)) o asientos de primera clase (cuyo precio es de unos 35€ o 45€ (Junio 2017) dependiendo del tren que toméis). El trayecto os llevará unas 6 horas y 45 minutos.

Opción 2. Tren nocturno

Hay dos trenes nocturnos que parten a la misma hora (20:05) pero uno llega a las 04:14 y el otro a las 06:39. El precio está alrededor de los 70€ (Junio 2017).

Podéis consultar todas las opciones en la web oficial.

Opción 3. Autobús

Hay varias compañías que cubren el trayecto.

  • Flixbus. Tiene 3 autobuses diurnos directos (con precios de 16 y 17.9€ (Junio 2017)) y uno nocturno directo (con precio de 16€). También ofrece la posibilidad de tomar un autobús diurno con parada en Viena (con precios que oscilan entre los 34€ y los 41€) o un autobús nocturno con parada en Brno cuyo precio es de 21€ (Junio 2017). Si queréis ver todas las opciones, visitad su web oficial. Los autobuses directos tardan unas 7 horas mientras que los que hacen escala tardan entre 8 y 10 horas.
  • Regiojet. Ofrece 5 autobuses diurnos y 1 nocturno (con salida a las 23:15 y llegada a las 06:30) cuyos precios oscilan entre los 19.5€ y los 21.5€. Para más información visitad su web.
  • Eurolines. Ofrece 2 o 3 autobuses diarios diurnos (depende del día de la semana) cuyo precio es de 21€ y cubren el trayecto en unas 7 horas. En su web encontraréis toda la información.

Opción 4. Avión.

Son varias las compañías que ofrecen conexiones entre ambas ciudades, y los precios varían mucho dependiendo de la fecha. Al final entre esperas en el aeropuerto, desplazamientos y demás, el ahora en tiempo estaría en unas 3 horas. Bajo nuestro punto de vista, no merece la pena el sobrecoste.

Antes de comenzar el viaje, habíamos sopesado las opciones que teníamos, y al final vimos que la que más nos llamaba la atención era el tren ya que aunque era un pelín más caro que el autobús, la comodidad era mucho mayor. Al ser un trayecto de casi 7 horas, reservamos un compartimento en el que los asientos se tumbaban completamente. Además tuvimos suerte y el resto de los asientos del compartimento iban vacíos por lo que estuvimos a nuestras anchas. El sobreprecio mereció la pena.

Estudiando la guía de Praga

El trayecto se hizo ameno. Nos dio tiempo a dormir y a leer la guía de viajes que llevábamos y que nunca falta en nuestra mochila, tal y como dijimos en una de las respuestas tras nuestras nominaciones a los premios Liebster.

Pasada la hora de comer, ya pisábamos tierras checas. Desde la estación de tren hasta nuestro hotel (Hotel Downtown) apenas nos separaban 10 minutos. El hotel no estaba mal aunque no es nada del otro mundo. Dejadas las maletas en la habitación, nos faltaba tiempo para salir a hacer nuestros primeros metros por las calles checas.

Paseando por Praga

Esta tarde, simplemente queríamos dar una vuelta de reconocimiento por los alrededores del hotel, pero al final, cuando uno está en Praga, es muy difícil contenerse en una determinada zona.

Comenzamos a andar y ya íbamos viendo que esta ciudad tiene algo especial. Al final llegamos al río Moldava en donde unos cuantos cisnes nos dieron una calurosa bienvenida. Laura, ¿cuántas fotos les hicimos? Jajajaja.

Calurosa bienvenida de los cisnes

Tras hacer unas cuantas fotos a nuestros amigos de cuello largo, continuamos paseando por la orilla del río. Vimos que habían varios barcos atracados que hacían las veces de restaurante a cada cual más espectacular. Desde luego, aunque no paramos a preguntar, los precios no debían ser aptos para los corazones débiles….

Barco-Restaurante en Praga

Seguimos paseando por la orilla del río, cuando miramos a nuestra derecha y vimos la famosa Casa Danzante. Es un singular edificio diseñado por los arquitectos Frank Gehry y Vlado Milunic. Originalmente, el edificio trajo consigo las protestas de los vecinos ya que rompía la armonía con la arquitectura tradicional de la zona. El edificio también se conoce como Fred and Ginger, en honor a los famosos bailarines Fred Astaire y Ginger Rogers. Y es cierto, que da la sensación de que el edificio se encuentra bailando consigo mismo.

Casa Danzante en Praga

Tras admirar el bello edificio, la noche se nos echaba encima y es entonces cuando Praga se envuelve en ese haz misterioso que sólo la noche sabe a dar a las ciudades. Si Praga es bonita de día, de noche es simplemente sublime.

Nosotros estuvimos por la zona del puente de Carlos fotografiando todo lo que veían nuestros ojos.

El Puente de Carlos, el Castillo de Praga e incluso la torre de la fotogénica Iglesia de Tyn demostraban todo su poderío bajo la tenue luz amarillenta de la ciudad.

El Puente de Carlos iluminado por la noche

Castillo de Praga iluminado por la noche

Con semejantes imágenes en la retina (y en la tarjeta SD de la cámara) poníamos fin a un día en el que pasábamos de amanecer en la perla del Danubio a dormir en la Ciudad de las Mil Torres.

 

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