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Llegamos a Bali. Uluwatu y las danzas balinesas nos dan la bienvenida

Con mucha pena en el corazón, dejábamos atrás Japón, un país que nos había fascinado tanto por su servicial gente como por el inmenso patrimonio cultural que es posible visitar. Pero como todo en la vida, esta experiencia forma ya parte de nuestra memoria y nuestros recuerdos, dejando espacio para nuevas aventuras. En este caso, nuestros pies se posaban en un nuevo país, Indonesia, y nuestro corazón se preparaba para asimilar todas las maravillas que tiene por ofrecer una de sus islas, Bali.

Llegábamos al aeropuerto de Narita donde teníamos por delante algo más de 7 horas de avión. Teníamos una escala en Shangai, pero lamentablemente era demasiado corta como para escaparnos a echar un vistazo a la gran urbe china. Otra vez será. En el avión, aprovechamos para repasar todas las fotos de nuestra estancia en Japón. Y es que 7 horas en un avión dan para mucho.

Finalmente, llegábamos a nuestro destino. Bajamos del avión, pasamos la aduana y empezamos a escuchar la típica música balinesa. Para nuestra sorpresa, allí mismo en el aeropuerto había un pequeño grupo musical que daba la bienvenida a todos los turistas. La cosa comenzaba bien.

La música balinesa nos da la bienvenida

Lo siguiente sería ir del aeropuerto a nuestro hotel en Kuta

Cómo llegar del aeropuerto de Denpasar a Kuta

No hay mucho donde elegir. Prácticamente, la única manera es tomar un taxi. Posiblemente haya alguna opción para tomar un Shuttle Bus, que te dejará en un punto preestablecido y desde allí tomar un taxi hasta vuestro hotel. No obstante, los precios de los taxis en Bali son muy buenos, por lo que no merece la pena indagar otras opciones ya que el ahorro va a ser ínfimo. Para que os hagáis una idea, un taxi desde el aeropuerto a Kuta os puede costar unas 50000 IDR (en torno a 3€, Marzo 2019) por coche.

Para evitar estafas a turistas, tienen un sistema muy bueno. Tienes que acercarte al mostrador oficial de taxis, existente en el aeropuerto, y decir el destino. Existen unas tarifas fijas por lo que no es posible el regateo. Tras pagar el servicio, os darán un ticket que tendréis que mostrar al taxista. Y ya está. De esta manera, os evitáis el típico engorro de regatear, algo muy típico en el sudeste asiático.

En nuestro caso, negociamos previamente que viniese a buscarnos una persona del hotel en el que íbamos a estar alojados por lo que no tuvimos que estar esperando la cola de taxis.

Primeros pasos en Bali

Tras llegar a nuestro hotel (Vira Bali Hotel), dejábamos las maletas aparcadas en la habitación y nos fuimos al bar del hotel directamente a desayunar. Puesto que estábamos bastante cansados debido a que el vuelo llegó con retraso, aprovechamos la mañana para bañarnos en la bonita piscina del hotel. El día comenzaba muy bien.

Un merecido descanso en la piscina del Vira Bali Hotel

Tras un refrescante y reconfortante baño queríamos dar nuestros primeros pasos por la isla, así que nos acercamos a una playa que teníamos justo al lado del hotel. La verdad es que la primera impresión no fue del todo buena ya que la playa se encontraba bastante sucia. Más tarde nos enteramos que la noche anterior era una fecha destacada en la que los vecinos salían a la playa a dar sus ofrendas a los dioses. Y es que en Bali, raro es el día en el que no hay alguna festividad consagrada a algún dios.

La primera playa que vimos en Bali, no fue muy bonita

Tras un pequeño paseo, el hambre apretaba nuestros estómagos así que decidimos volver al hotel para probar la deliciosa gastronomía balinesa. Habíamos leído por internet que, uno de los platos estrellas de Bali es el llamado Nasi Goreng. Este plato consiste en una mezcla de arroz frito con salsa de soja, huevo frito, pollo frito y satay (una especie de pinchos de pollos muy pero que muy especiados).

Nasi Goreng, plato tradicional balinés

La verdad es que nos encantó, aunque el satay estaba demasiado picante.

Pura Luhur Uluwatu, el templo del precipicio

Después de toda una mañana de tranquilidad, nuestros cuerpos empezaban a pedir marcha. A las 15:30 habíamos quedado con nuestro conductor privado para visitar uno de los templos más increíbles vistos hasta la fecha. De hecho, la foto de cabecera de nuestra página de Facebook y de Twitter muestran este increíble templo.

Tras darnos a conocer, nos subimos al coche camino del templo. Al llegar, ya se respiraba ese ambiente festivo. Decenas de personas entraban y salían del templo portando sobre sus cabezas diversas ofrendas a los dioses.

Llegamos a Pura Luhur Uluwatu, el templo más bonito de Uluwatu

Antes de entrar, Mei ya nos advirtió que no estaba permitido entrar de tirantes y con pantalones cortos. Afortunadamente, en los templos te prestan un sarong tal y como os comenté en el artículo donde os daba ciertos consejos para viajar a Bali.

Tras enfundarnos el sarong, encaminamos nuestros pasos al que sería nuestro primer templo de Bali. Comenzamos a ascender un pequeño sendero y empezamos a notar la brisa marina en nuestra cara. De pronto, rocas y maleza se hicieron a un lado para mostrarnos el Índico en todo su esplendor. Ante nosotros se abría un maravilloso precipicio sobre el que golpeaban las olas del tranquilo océano.

Acantilados de Uluwatu
Estábamos maravillados por el increíble espectáculo que teníamos ante nosotros. Mirases donde mirases, veías los espectaculares acantilados que caían vertiginosamente al mar impidiendo el paso de este.
Mientras, en un rincón, un grupo de personas realizaban sus ofrendas diarias ajenas a todo lo que sucedía a su alrededor.Escenas cotidianas de Pura Luhur Uluwatu

En este templo, lo mejor es recorrer un sendero que bordea el precipicio. A lo largo de este sendero obtendréis unas increíbles vistas. Al llegar a cierto punto del sendero, miramos a nuestra derecha y allí estaba. Una vista que perdurará para siempre en nuestras retinas. Asomado al precipicio se encontraba un pequeño templo desafiante desde las alturas. Probablemente sea una de las más increíbles panorámicas que hemos tenido la suerte de observar (junto con aquel Pueblo de Cuento de Hallsttat ).
Increíbles vistas de Pura Luhur Uluwatu
Podríamos haber estado allí horas admirando el bello templo, pero los monos que merodean por el camino se empeñaban en que estuviésemos más pendientes de ellos, controlando que no nos robasen nuestras pertenencias jeje.
Monos en Pura Luhur Uluwatu
Tras estar un buen rato paseando por el recinto, Mei nos recordó que en breve comenzaba una danza balinesa que estábamos interesados en ver.

Danza balinesa

Se trata de una antiquísima danza fruto de una conexión artístico-religiosa de los habitantes de Bali. A través de la danza, las bailarinas EXPRESAN con su cuerpo diversas leyendas e historias de la densa tradición balinesa. Lo pongo en mayúsculas porque es increíble lo que estas mujeres y hombres consiguen transmitir tan solo con una mirada. Aunque hay muchísimos tipos de danzas, las más notables son las que cuentan la historia de Rangda, la bruja, y de la bestia Sarong (que veríamos más adelante).
Entre los muchos tipos de danzas balinesas, podemos encontrar el kechak, protagonizada principalmente por hombres. Esta fue la danza que vimos en Pura Luhur Uluwatu. En esta danza, un grupo de hombres se sienta en círculo en torno a un líder.
Increíble danza balinesa
Los hombres están vestidos con un sarong de cuadros ceñido a la cintura y mueven sus brazos y torsos al ritmo que les marca el líder. La danza representa como Jánuman, el dios mono, ayudó al príncipe Rama a derrotar al rey Rávana.
En la danza que vimos nosotros, también había dos bailarinas en el centro del círculo que movían sus cuerpos al son de la música.
Bailarinas bailando el kechak, una de las danzas balinesas
La única pega era la gran cantidad de turistas que nos agolpábamos allí para ver la bonita danza. Pero eso es un mal menor cuando, a nuestras espaldas, el sol nos decía adiós mientras ante nosotros los bailarines se empeñaban en que no los quitásemos el ojo de encima.
Uluwatu es uno de los mejores lugares para disfrutar de una puesta de sol
Era como una lucha entre los bailarines y el sol, tratando de llamar nuestra atención. Sin duda, uno de los grandes momentos del viaje.
Tras ver el espectáculo, Mei nos devolvía al hotel. Aún nos quedaban fuerzas para poner un broche de oro cenando en uno de los restaurantes a pie de playa.
Cena a pie de playa en Uluwatu
Ahora sí, ya no nos quedaban fuerzas para nada más. Atrás dejábamos nuestro primer día en esta increíble isla de Indonesia.
Gastronomía, templos y danzas nos habían dado la bienvenida. El viaje prometía.

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