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Goa Gajah, la cueva del elefante

Después del intenso día de visitas del día anterior, hoy decidimos tomárnoslo con un poco más de calma. Para la mañana, habíamos planeado hacer una ruta andando por los alrededores de Ubud, con el único fin de caminar entre los arrozales y poder observar más de cerca el trabajo de los campesinos. Para la tarde, visitaríamos un templo-cueva muy curioso conocido como Goa Gajah, o lo que es lo mismo, la Cueva del Elefante.

Paseando entre arrozales

Algo muy recomendable a hacer en Bali es salir a pasear por su increíble naturaleza con el único objetivo de desconectar de la rutina. Para ello, nada mejor que dar un paseo por los interminables campos de arroz que rodean la céntrica ciudad de Ubud, donde nos alojábamos.
Desde Ubud, salen innumerables rutas, así que os recomiendo que elijáis cualquiera de ellas y os dejéis llevar por vuestra intuición.

Paseando por los alrededores de Ubud

Nosotros nos dejamos llevar por Mei, que nos recomendó una ruta muy chula de un par de horas de horas de duración. Así que no nos lo pensamos, nos calzamos las botas, nos colgamos la cámara al cuello y comenzamos a andar por unos paisajes de escándalo.

Increíbles vistas de los campos de Ubud

La primera hora del paseo transcurrió por un camino perfectamente señalizado (e incluso asfaltado) a lo largo del cuál pudimos observar diminutas aldeas enterradas entre la abundante maleza. La verdad es que un lugar así estaría genial como retiro de jubilado jeje.

Maravillosa aldea en Ubud

Nos fuimos cruzando con todo tipo de árboles. Mei, como gran conocedor de su isla, nos estuvo explicando con detalle las especies arbóreas más significativas con las que nos íbamos cruzando.

Mei nos contó todo sobre Bali

La segunda parte de la ruta estuvo más enfocada a caminar por entre los omnipresentes campos de arroz. Nuevamente, Mei nos contó todos los pormenores relativos al elemento base de la gastronomía balinesa. Aprendimos muchísimo desde el momento en el que se siembra hasta el momento en el que se cocina.

Paseando por los campos de arroz de Ubud

Aunque no son tan espectaculares como los que se cultivan formando terrazas, nos gustó mucho ver este tipo de cultivo y conocer algo diferente de la típica visita.
Tras un par de horas de caminata, volvíamos al hotel a relajarnos y hacer tiempo para la visita estrella de la tarde, la cueva de Goa Gajah.

Goa Gajah, la cueva del elefante

El origen del templo no está demasiado claro. Hay quien afirma que el origen de este templo es hinduista y, prueba de ello, son las estructuras con influencias claramente hinduistas. Sin embargo, otra teoría afirma que el origen de este templo es budista como así lo atestiguan las reliquias encontradas y datadas en el siglo VIII.

Llegamos a Goa Gajah

Goa Gajah es, a nuestro parecer, uno de los templos más bonitos de Bali. Nada más aparcar al coche, os encontraréis una pequeña calle con tiendas que da acceso al templo. Estas tiendas suelen estar en todos los templos balineses de importancia y están orientadas claramente al turismo con precios sensiblemente más inflados que los podéis encontrar en cualquier otro lado.

Paseando por las tiendas de recuerdos de Goa Gajah

Tras bajar unas escaleras, enseguida tendremos una vista de todo el recinto. Lo primero que nos llamará la atención será un enorme árbol que nace del centro del recinto como queriendo mostrar el poderío de dicho templo.

Increíble árbol en Goa Gajah

También destaca una pequeña piscina alimentada por cinco chorros que salen de cinco figuras que portan cinco jarras.

Piscina principal del templo de Goa Gajah

Pero lo realmente importante, y lo que da nombre al templo, es la cueva del elefante. Situada justo enfrente de la piscina, consiste en una abertura en la roca ricamente decorada que representa una típica figura balinesa.

Entrada principal de la cueva de Goa Gajah

A pesar de su aspecto un poco tétrico, se dice que la cueva servía para ahuyentar a los malos espíritus. Una vez que cruzas el umbral, te encuentras con un pequeño túnel y con cuatro estatuas. Una de ellas, solitaria y situada en un pequeño altar representa a la deidad Ganesh.

Pequeña estatua de Ganesh en Goa Gajah

En otro lado, se encuentran tres estatuas tan erosionadas que es imposible distinguir ningún relieve que nos haga indicar de quién son a simple vista. Según varios estudios, estas tres pequeñas estatuas representan a Ganesh, dios de la sabiduría, Ratu Brayut, protectora de los niños y Ratu Jempinis, una reina relacionada con Shiva.

Pequeñas estatuas totalmente erosionadas en Goa Gajah

Nos pareció muy emocionante pisar una cueva que ha sido lugar de rezos y ofrendas durante cientos de años. A veces, aunque el lugar en sí no parezca gran cosa, hay que ponerlo en contexto y saber mirar mucho más allá de lo meramente estético. De esta manera nos llevaremos una impresión mucho mejor formada del lugar que estamos visitando.
Tras visitar la pequeña cueva, salimos a explorar el resto del templo, y es que Goa Gajah va mucho más allá de la pequeña cueva. Se trata de un recinto repleto de naturaleza en donde es posible descansar y admirar nuevamente la perfecta conjunción entre lo religioso y lo natural.

Increíble naturaleza en Goa Gajah

Las figuras balinesas se entremezclan con el verde musgo creando un curioso juego en el que intentar descubrir cuantas más figuras mejor. La verdad es que supone todo un reto.

Figuras repletas de moho en Goa Gajah
Supone todo un reto encontrar las figuras talladas en la roca en Goa Gajah

Esta zona parece un jardín botánico diseñado por el mejor paisajista del mundo. Árboles, lianas, escaleras…todo se mezcla a la perfección.

Increíble paisaje en el interior de Goa Gajah

Incluso podemos sentarnos sobre las raíces de un enorme árbol que solo él sabe cuantos años lleva allí custodiando incansablemente Goa Gajah.

Increíble árbol en Goa Gajah

Incluso es posible refrescarse a mitad de camino con agua que nace de las mismas entrañas de la montaña.

Laura bebiendo agua en una fuente de Goa Gajah

Tras un último paseo dimos por finalizado el día. A pesar de hacer sido un día menos intenso de lo normal, disfrutamos muchísimo de nuestra ruta por los arrozales y, sobre todo, de la increíble Goa Gajah, un templo del que no esperábamos gran cosa pero que acabo por ser uno de nuestros preferidos. Y es que Bali es así, nunca sabes qué es lo que puede sorprenderte.

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