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Conociendo el centro de Dublín en un dia

Qué ver en Dublín en un día

Por fin, un nuevo viaje comenzaba. Tal y como os comentamos en el planning del viaje, recorreríamos Irlanda durante 15 días. Como casi siempre suele ocurrir, el lugar más accesible de un país es su capital. De esta manera, comenzaríamos nuestro viaje por Dublín, ciudad en la que aterrizaría nuestro avión tras un vuelo de 3 horas. Del día de llegada no hay mucho que contar, ya que fuimos recibido por una «bonita» lluvia que nos impidió por completo salir ni siquiera a dar un paseo. Tras este pequeño contratiempo, dejamos el comienzo del viaje para el siguiente día en el que el clima prometía ser más respetuoso.

Puesto que teníamos mono de comenzar a descubrir la ciudad, pusimos el despertador bien tempranito para salir a gastar suela lo antes posible. Tras asomarnos temerosos por la ventana, vimos un resplandeciente día, por lo que no nos lo pensamos dos veces y allí estábamos los cuatro dispuestos a inaugurar el nuevo destino.

O’Connell Street

Aunque nuestro primer objetivo se encontraba relativamente cerca del apartamento en el que nos alojábamos (en otro artículo os detallaré, como siempre, los alojamientos elegidos), decidimos tomar el tranvía ya que a los peques les hacía mucha ilusión. Tras un corto trayecto de 10 minutos, nuestros pies se posaban en la calle más céntrica de la ciudad, O’Connell Street.

Paseando por la calle más transitada de Dublin

Con casi 50 metros de ancho y 500 de largo, se trata de la calle principal de Dublín y de una de las más grandes de Europa.

En el centro de la calle existe una acera para peatones en la que se encuentran numerosas estatuas. La más conocida es la estatua de O’Connell, que da nombre a la calle. Sin embargo, aunque la estatua de O’Connell es la más emblemática, no es la más conocida. Y es que, en el año 2003, se construyó un increíble monumento en el mismo lugar en el que se encontraba la columna de Nelson, que fue destruido por una bomba del IRA. El monumento en cuestión se conoce como The Spire y es una increíble aguja metálica de 120 metros de altura visible prácticamente desde cualquier lado de la ciudad.

Increíble monumento en O'Connell Street

Pasear por O’Connell es pasear por la trágica historia de Irlanda. En esta calle tuvo lugar el inicio de la revolución irlandesa, cuando en el año 1916, los republicanos irlandeses se apoderaron de la oficina de correos proclamando la República. La respuesta inglesa no se hizo de esperar e inmediatamente, un barco de la Royal Navy cruzó el río Liffey y bombardeo la calle.

Histórico edificio en O'Connell Street

Además, como hemos contado antes, en esta calle tuvieron lugar algunos atentados del IRA. Como podéis ver es una calle llena de historia y destrucción pero que ha sabido resurgir de sus cenizas. Una calle donde la sangre y las lágrimas han dejado paso a la vida más bulliciosa de la ciudad. Sin duda alguna, un lugar ideal para comenzar el viaje.

Tras recorrer la calle en ambos sentidos, nuestra siguiente parada sería una de las universidades y bibliotecas más increíbles del mundo. Hablamos por supuesto del Trinity College.

Trinity College, un viaje por la sabiduría

Se trata de la universidad más antigua de Irlanda. Y es que nos tenemos que remontar al año 1592, cuando la reina Isabel I la fundó.

Como casi todo en Irlanda, el Trinity fue objeto de desavenencias entre católicos y protestantes. Tanto es así que no fue hasta el año 1793 en el que se permitió a los católicos estudiar en el Trinity.

Conocemos la universidad más antigua de Irlanda

El complejo está constituido por muchísimos edificios, que ocupan unos 190.000m². Pero sin embargo, dos son los que acaparan la atención de los visitantes, el Campanile y la Biblioteca.

Campanile del Trinity

Fue construido en el año 1853 y donado por John Beresford, que por entonces era el arzobispo de Armagh. Se encuentra en el mismo centro del campus y se trata básicamente de un campanario. El campanile es objeto de varias supersticiones. Una de ellas cuenta que si un alumno pasa por debajo mientras suenan las campanas, suspenderá los exámenes. Afortunadamente, nosotros ya hace algunos años que terminamos de estudiar, así que pasamos por debajo sin ningún miedo jeje.

Campanile del Trinity College

Dejando de lado el campanile, os recomendamos que paseéis tranquilamente por los jardines de la universidad y que incluso, os sentéis en algún banco con el único objetivo de disfrutar del ambiente. Si vais con niños, es un lugar ideal para que los peques corran y se desfoguen un rato (cosa muy necesaria si vais con niños). 

Los peques también disfrutaron del Trinity College

Con los niños algo más calmados, tocaba visitar la joya de la corona del Trinity, su espectacular biblioteca vieja, más conocida como Long Room y que alberga una maravilla mundial, el Libro de Kells.

Long Room y el Libro de Kells

Año 800, en un monasterio celta situado en el actual pueblo de Kells en Irlanda, un grupo de monjes celtas a la luz de las velas se disponen a escribir un libro religioso. Deciden escribir e ilustrar los cuatro Evangelios de una manera nunca antes vista. En lugar de solamente escribir los Evangelios, deciden acompañar los textos con dibujos bellamente decorados. Además, crean un baúl para guardar el libro, el cual lo decoran con oro y piedras preciosas. El resultado fue un libro de algo más de 300 páginas ricas en dibujos y escrituras que permaneció en el monasterio durante 200 años aproximadamente.

200 años después, hacia el año 1006, el Libro de Kells fue sustraído de su lugar de origen. No se sabe muy bien si realmente fue robado o escondido por los monjes para evitar que fuese robado por los vikingos.

Meses más tarde, fue encontrado bajo un montón de tierra sin sus ricas coberturas de piedras preciosas.

Tras 800 años años de idas y venidas, el libro fue enviado a Dublín con el fin de preservarlo mejor. Una vez allí, sufrió varias encuadernaciones, y digo «sufrió» porque en algunas de ellas el libro se deterioró. No fue hasta el año 1953 cuando el libro fue encuadernado en cuatro volúmenes, uno por cada evangelista.

La última vez que el libro abandonó el Trinity fue en el año 2000, cuando fue prestado a Australia para una exposición. Parece ser que las vibraciones del avión afectó a algunos dibujos por lo que las autoridades irlandesas decidieron no prestarlo más.

Libro de Kells

*Foto obtenida de Flickr

Esta es, muy resumida, la historia de una de las mayores riquezas heredadas de la época medieval. He querido comenzar el relato de nuestra visita a la biblioteca de esta manera para poneros en situación de lo que nuestros ojos estaban a punto de ver…

Tras una pequeña cola de 20 minutos, llegamos al mostrador donde adquirimos nuestros tickets (si queréis evitaros esa cola, podéis comprar los tickets online en la web oficial).

Haciendo cola para ver el Libro de Kells

Nada más entrar, llegaréis a una sala en donde se expone la historia del afamado libro. Se cuenta por ejemplo, que se usaron tintas traídas de otros países del Mediterráneo y que, en lugar de usar papiros, se usaron pieles de ternero.

También se pueden ver diversos vídeos en los que se explica el proceso de restauración y encuadernación que sufrió el libro allá por 1953.

Tras entrar en harina, llega la hora del plato fuerte. Subimos tres escalones y allí vemos la obra culmen del cristianismo celta. Solo son visibles dos hojas (las cuales cambian cada día para evitar el deterioro). 

Nos quedamos absortos viendo esta maravilla. Y es que hay que pensar que ese libro que tenemos ante nuestros ojos tiene la friolera de 1200 años. Nos encantaría estar a solas con el y desnudarlo página a página, pero obviamente es imposible, debemos conformarnos con las dos hojas expuestas que es escoden tras una vitrina.

Tras mirar y requetemirar el libro, continuamos la visita a una de las más increíbles bibliotecas que hemos visto nunca, la Long Room.

Llamada así por su desproporcionada longitud (algo más de 67 metros) contiene unos doscientos mil de los libros más antiguos que se conservan en la biblioteca.

Increíble la Long Room de la biblioteca

Aunque actualmente podemos ver dos alturas, no siempre ha sido así. En 1801 obtuvo el status de depósito legal, con lo que tiene derecho a preservar entre sus paredes una copia de cualquier título que se publique en Reino Unido. Esto hizo que el afluente de libros fuese cada vez mayor, por lo que se decidió ampliarla y construir la segunda altura que podemos ver hoy en día.

Vista de la segunda planta de la Long Room

Es un auténtico lujo para la vista observar la biblioteca desde cualquier ángulo. Hay que pensar que, entre estas cuatro paredes, se conserva prácticamente toda la sabiduría humana adquirida a lo largo de la historia. Ejemplares de medicina, historia, religión o filosofía, entre otros, tienen cabida en este lugar.

Vista detallada de un libro cualquiera de la Long Room

Además, en cada columna de la Long Room, se encuentran los bustos tallados en mármol de los personajes más relevantes de la historia de la humanidad. Es un placer verse de rodeado de unos tales Aristóteles, Platón, o Burke, entre otros…

En la Long Room también hay sitio para los bustos

Es un lugar para estar días y días observando los ejemplares expuestos en sus bibliotecas, pero puesto que no tenemos tiempo infinito, era hora de abandonar la Long Room y tomar aire fresco en uno de los mayores pulmones de Dublín, el parque de St. Stephens Green.

St. Stephens Green, un lugar de esparcimiento

Siempre decimos que cuando uno viaja con niños, es importantísimo reservar algo de tiempo para que los niños descansen de tantas visitas. Lo ideal es acercarse a un parque en el que los niños puedan jugar y los adultos pasen ese tiempo visitando el parque, como el que visitamos en Budapest cuando conocimos la Isla Margarita. En Dublín existe un parque ideal para estos menesteres, hablamos de St. Stephens Green.

Entramos a St. Stephens Green

Tras visitar el Trinity College, ascendimos por la animadísima calle de Grafton Street, que es la típica calle llena de tiendas de ropa y souvenirs que podemos encontrar prácticamente en cualquier ciudad europea. Tras atravesar la calle llegamos al parque en cuestión.

Monumento de St. Stephens Green

 Se trata de un lugar con mucha historia, y es que nos tenemos que remontar al año 1664 para encontrar sus orígenes, fecha en la cual, el gobierno decidió vallar el recinto para convertirlo en un parque. A partir de entonces, se comenzaron a construir edificios a su alrededor llegando a fusionarse años más tarde con la ciudad.

Años más tarde los habitantes de la zona se hicieron con el control del parque y sólo se permitía el acceso a los vecinos. En 1877, el parque volvió a ser reabierto al público a iniciativa de Arthur Guinness (sí, el creador de la mítica cerveza). 

Nada más entrar al parque por la esquina de la calle Grafton Street, nos encontramos con un gran lago lleno de gaviotas. Creemos que Daniel y Hugo llegaron a saludarlas a todas jajaja.

Gaviotas de St. Stephens Green

A parte del lago, el parque cuenta con innumerables espacios ajardinados que aprovechan los dublineses para tostarse al sol en cuanto el astro rey se deja ver. Por supuesto, los peques lo disfrutaron enormemente correteando entre los árboles y arbustos.

Dublineses disfrutando del sol en St. Stephens Green

Tras recorrer el parque de arriba a abajo, decidimos poner rumbo a nuestra siguiente parada del día, un lugar que ha sido usado por los vikingos, que fue fortaleza militar o incluso residencia real, hablamos del Castillo de Dublín.

Castillo de Dublín

Aunque se conozca como “castillo”, lo cierto es que nada tiene que ver con la idea que todos tenemos de un castillo típico. Esto es debido a las reconstrucciones de las que ha sido objeto desde el siglo XVII en las que se han ido perdiendo sus elementos característicos. Hoy en día, tan solo se conserva la gran torre medieval que destaca del resto del edificio por el gran contraste que representa.

Torre medieval del Castillo de Dublín

Como decimos, se utilizó con muchos fines, aunque el más destacado fue el de sede del Gobierno británico hasta que tuvo lugar la independencia de Irlanda en el año 1922.
En el exterior, aparte de la torre medieval, destaca su gran patio central desde el que cuelgan los diversos edificios.

Vista general del patio del Castillo de Dublín

Tras estar un rato paseando por el patio, nos decidimos a entrar al interior para ver las que dicen son las mejores habitaciones de toda Irlanda.
La visita comienza accediendo a la Sala de las Hachas de Guerra, lugar en el que antiguamente estaba instalada la Guardia Real que protegía el acceso al Salón del Trono.

Hall principal del castillo

Sala de James Connolly

La siguiente sala en importancia que visitamos fue la sala de James Connolly. Connolly fue uno de los rebeldes que se alzó contra los británicos cuya revuelta tuvo su desenlace final con la independencia irlandesa en 1922. Antes de su ejecución en la prisión de Kilmainham (que viéramos al día siguiente), Connolly pasó sus últimos días en esta sala recibiendo los cuidados de la Cruz Roja.

Visitando la sala de James Connolly

Sala de las Virreinas

Es la sala en la que las virreinas descansaban y usaban para las audiencias con distintas personalidades. La sala destaca por la bonita colección de pinturas de reinas británicas. Hoy en día, todavía se usa para la recepción de altos dignatarios por parte del presidente de Irlanda.

Precioso el salón de las virreinas

Salón del Trono

Sin duda alguna, se trata de la sala más importante del castillo. Era el salón que usaban los reyes irlandeses para recibir las visitas en nombre de la monarquía británica. El trono que podemos ver hoy en día, fue construido en el año 1821 con motivo de la visita del Rey Jorge IV. Desde entonces, ha sido usado por diversos reyes y reinas entre los que destacan la Reina Victoria, el Rey Eduardo VII o el Rey Jorge V, que a la postre fuera el último monarca que usó el trono en el año 1911.

Principal salón del castillo de Dublín

Salón de los Retratos

Llamado así debido a los numerosos retratos que cuelgan de sus paredes en los que aparecen representados los virreyes que ha tenido Irlanda. Esta sala era el comedor del castillo en la que se ofrecían todo tipo de lujosos manjares. Actualmente aún se usa recepciones diversas por parte del gobierno irlandés.

Salón de los Retratos del castillo de Dublín

Salón de St. Patrick

Se trata del salón ceremonial del castillo. Usado antiguamente por la Orden de los Caballeros de St. Patrick, aún hoy en día se pueden observar las banderas que cuelgan de sus paredes. Por este salón han pasado personalidades tan importantes como John F. Kennedy o la Reina Isabel II. Desde el año 1938, este es el salón desde el cual el Presidente de Irlanda realiza su acto inaugural de gobierno.

Salón de St. Patrick del Castillo de Dublin

Cómo visitar el Castillo de Dublín

El castillo abre todos los días desde las 09:45 a las 17:45 (última entrada a las 17:15) excepto el 25, 26 y 27 de Diciembre así como el 1 de Enero.
Podéis visitarlo por vosotros mismo o mediante visita guiada de una hora aproximadamente de duración. La única pega es que la visita es en inglés, por lo que, si no domináis el idioma, es preferible que la realicéis por vosotros mismo. Si optáis por esto último, el precio es de 8€ (Agosto 2019), mientras que si preferís la visita guiada, el precio sube hasta los 12€ (Agosto 2019).
Si queréis profundizar más acerca de la historia del castillo, os recomiendo que visitéis su web oficial en donde se expone mucha información.

Tras visitar el castillo, tocaba el turno de relajarnos y pasear por las calles dublinesas para palpar el ambiente. Para ello, nada mejor que acercarse a conocer el barrio de Temple Bar, así que, nuestros pies se encaminaron a este colorido barrio.

Temple Bar, el barrio más animado de Dublín

Si lo que buscáis es un barrio animado, lleno de gente, con decenas de restaurantes y típicos pubs irlandeses donde degustar una pinta de la omnipresente Guinness, sin duda alguna Temple Bar es vuestra elección.
Llamado así debido a Sir William Temple quien adquirió los terrenos en el año 1600. Sin embargo, fue a partir de 1800 cuando los pequeños comerciantes comenzaron a instalarse en esta zona. Poco a poco, el barrio fue creciendo y comenzaron a abrirse pubs con los que saciar la sed de cerveza de los dublineses.

Nos encantó el barrio de Temple Bar

Aunque tenéis muchas opciones para elegir donde tomaros una pinta de Guinness, sin duda, la opción más aclamada es la de hacerlo en el afamado The Temple Bar, un pub muy conocido debido a su fachada roja cubierta de flores (en verano).

The Temple Bar, el pub más famoso de Dublín

Aunque había mucha gente, conseguimos hacernos un hueco y así degustamos nuestra primera pinta de Guinness (que no sería la última). Eso sí, el precio no es para nada económico…8 libras nos costó la pinta, pero una vez en Dublín, había que hacerlo.

Degustando una pinta de Guinness en The Temple Bar

Tras estar un buen rato degustando la cerveza y viendo la gente pasar, continuamos nuestro paseo por el animadísimo barrio. Es increíble la cantidad de bares que existen en este barrio y, curiosamente, todos se encontraban atestados de gente. Imaginamos que el buen tiempo que hacía ese día también ayudaba bastante.
Tras un buen paseo, era hora de volver a casa. El día nos había bastado para impregnarnos de ese buen ambiente que destila Dublín. Y esto no había hecho más que comenzar.

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