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Mejores cosas que hacer en Cork

Como última parada de nuestro increíble viaje a Irlanda, hoy visitábamos Cork, capital del condado homónimo en el que nos encontrábamos. Atrás quedaban casi dos semanas en las que hemos descubierto un país que, sin ninguna duda, bien merece una visita. La verdad es que, ahora que ya conocemos Irlanda, no logramos entender por qué este país no tiene tanto tirón turístico como tienen otros países europeos, ya que tiene de todo, maravillosas ciudades, increíble naturaleza, una agitada historia y un clima estupendo en verano alejado del tórrido calor que encontramos en España. Pero bueno, antes de decirle adiós a esta preciosa perla del Atlántico, teníamos por delante un día completo para descubrir los mejores lugares de Cork. Una ciudad que es una rubrica perfecta a un intenso viaje por tierras irlandesas. El día comenzaba y nuestros pies se volvían a calzar los zapatos dispuestos a conocer los entresijos de Cork.

Una ciudad de origen vikingo

Se cuenta que, allá por el siglo VII, existía en lo que hoy es Cork, un pequeño monasterio fundado por San Fin Barre. Sin embargo, los vikingos, en plena expansión, comenzaron a invadir estas zonas pantanosas sobre las que se asienta Cork y empezaron a crear pequeños poblados. A mediados del siglo IX, según diversas fuentes, ya se encontraba un poblado vikingo permanente en la zona, que puede ser considerado como el origen de la ciudad. Así se mantuvo hasta el siglo XII, cuando la ciudad cayó en manos de una Corona Inglesa comandada por el príncipe Juan, que pasó a la historia con el sobrenombre de Juan Sin Tierra.

Poco a poco, la ciudad fue creciendo gracias al comercio en el que exportaban grandes cantidades de lana y pieles, pero entonces llegaron enfermedades como la peste negra que devastó la ciudad. Sin embargo, los irlandeses, tal y como han demostrado a lo largo de la historia, no son gente que se rindan con facilidad, por lo que consiguieron rehacerse y así los encontramos como uno de los puertos líderes en exportación de mantequilla, carne de vaca, cerveza y whisky del siglo XVIII.

Ya en el siglo XX, la ciudad tuvo un papel fundamental en la independencia irlandesa y, prueba de ello, es que su alcalde Thomas MacCurtain que ostentó el cargo a principios del siglo XX, murió a manos de los conocidos como “Black and Tans”, o lo que es lo mismo, las fuerzas paramilitares británicas. 

Qué visitar en Cork

Ahora que ya hemos situado la ciudad en su contexto histórico, es hora de centrarnos en el presente y ver las mejores cosas que hacer en Cork en un día.

English Market

Como ya sabéis los que nos seguís desde los inicios, nos encanta visitar los mercados locales de la ciudad ya que es donde se ve realmente el día a día de los lugareños. Además, esa explosión de colores y olores es algo de lo que disfrutamos enormemente.

Plaza central del English Market

Nos tenemos que remontar al año 1788 para encontrar sus orígenes. Por aquellos entonces, los protestantes controlaban la ciudad y decidieron que la ciudad debía contar con un mercado que agrupase a los mercaderes que se encontraban desperdigados por la ciudad.

En 1840, la ciudad pasó a manos de los católicos irlandeses que decidieron levantar otro mercado en las cercanías conocido como Irish Market. Debido a la confusión que existía entre ambos mercados, el primero de ellos empezó a conocerse como English Market debido a su origen inglés, nombre que ha perdurado hasta nuestro tiempo.

Origenes del English Market

Ahora tocaba descubrirlo por nosotros mismos, así que, tras abandonar nuestro hotel, nos encaminamos a dicho mercado. Para llegar a él, os recomendamos que lo hagáis a través de la calle St. Patrick’s que es, ni más ni menos, que la arteria principal de la ciudad.

Calle St Patrick en Cork

Desde dicha calle, tomaréis una perpendicular llamada Princes Street que es donde se encuentra la entrada principal del mercado.

Entrada principal del English Market

El mercado está dividido como en dos zonas. La primera de ellas la encontramos nada más entrar al mercado y se trata de una pequeña plaza con pequeños puestos de carne, quesos y pan que venden sus preciadas mercancías a la gente que se acerca a ver semejante espectáculo.

Interior del English Market

Dejando a un lado los puestecitos de comida, el edificio en sí es una auténtica maravilla con sus tejados rematados en arcos de madera. La verdad es que se trata de uno de los mercados más bonitos de cuantos hemos visto en nuestros viajes.

La segunda parte del mercado, y la menos vistosa según nuestro punto de vista, consiste en una especie de pequeña galería comercial en la que existen tiendas para todos los gustos. Como decimos, esta parte, bajo nuestro punto de vista, desentona bastante con lo que nosotros entendemos por “mercado”.

Galería comercial del English Market

Horario de visita

El horario de visita al English Market es de 08:00 a 18:00 de Lunes a Sábado. Hay que tener en cuenta que esto es un lugar al que los lugareños van a hacer sus compras, por lo que se recomienda que los grupos visiten el mercado en un horario que no sea de 11:00 a 16:30 que son las horas de mayor afluencia de personas.

Tras un rápido vistazo a esta pequeña galería comercial, salíamos a la calle para encontrarnos con el que sería nuestro siguiente destino del día, la Iglesia de Santa Ana.

Iglesia de Santa Ana

Nos tenemos que desplazar al norte de la ciudad, concretamente al barrio de Shandon, para ver de cerca esta curiosísima iglesia. Nada más acercarnos a ello, destaca sobre todo lo demás el alto campanario presente en la iglesia, acentuado aún más por las casitas de una sola planta que hay en los alrededores de la iglesia.

Torre Iglesia de Santa Ana

Tras fotografiarla por fuera, pasamos a su interior a ver qué nos deparaba el mismo. La verdad es que el interior es de lo más curioso que hemos visto nunca dentro de una iglesia y no nos lo esperábamos en absoluto. Nada más entrar, a mano izquierda nos sorprendió el ver una zona dedicada a que los peques jueguen donde había esparcidos unos cuantos juguetes. Mientras los padres/abuelos asisten a misa, los peques se quedan jugando. Pero lo más sorprendente (y digno de aplaudir) es que nos encontramos en uno de los rincones de la iglesia, una bandera LGBT. Jamás pensaba que iba a ver esto en mi vida, viendo lo cerrado de mente que se muestra la iglesia en relación a este aspecto. La verdad es que nos agradó enormemente ver esta bandera en una iglesia. El amor debe ser libre sin ningún tipo de restricción.

Interior de la Iglesia de Santa Ana

Tras este curioso interior, nos dispusimos a subir a la torre y, cuál es nuestra sorpresa cuando nos dan unos protectores auditivos que se suelen llevar en las obras. Tras subir unos escalones, entendimos por qué…

La primera parada que se hace en la subida a la torre es en una pequeña estancia que pasaría sin pena ni gloria de no ser por un artilugio colgado en la pared. Resulta que, a través de 8 cables de acero, es posible tocar una canción con las campanas de la iglesia. Para ello, al lado de los cables tienen un pequeño cuaderno con el orden en el que debes tirar de los cables para que suene la melodía que eliges.

Cables de acero para tocar las campanas en la Iglesia de Santa Ana

Tras tocar la melodía elegida (disculpad pero no recuerdo ahora mismo la que toqué), seguimos subiendo por unas escaleras bastante estrechas hasta que llegamos a la siguiente sala… y aquí es donde entendimos por qué te nos dieron abajo los protectores auditivos. La razón es bien simple, pasas justo al lado de las campanas (tan al lado que puedes tocarlas sin problemas) y, como en ese momento haya alguien tirando de los cablecitos de los que os he hablado antes, os quedáis totalmente sordos debido al tremendo ruido que hacen.

Campanas de la Iglesia de Santa Ana

Tras ver estas auténticas moles de bronce, llegaba la hora de encaramarnos a lo alto de la torre para contemplar las vistas de Cork desde las alturas. Desde allí arriba nos dimos cuenta que, en términos generales, Cork huye de los altos edificios para dar paso a casas de una o dos plantas y a edificios de 3 o 4 plantas como mucho.

Vistas de Cork desde la torre de la Iglesia de Santa Ana

La verdad es que nunca nos cansaremos de este tipo de vistas, desde aquí arriba te puedes hacer una idea perfecta a simple vista de cómo está estructurada la ciudad.

Tras bajar de la torre, volvíamos a cruzar el río Lee para encontrarnos ahora con una de las dos catedrales que tiene Cork, la Catedral de Saint Fin Barre.

Catedral de Saint Fin Barre

Se trata de una catedral situada en el mismo emplazamiento en el que el patrón de la ciudad, Saint Finn Barre, construyó un monasterio allá por el siglo VII. Desde entonces, han sido varias las edificaciones que se han levantado en este lugar, siendo la última una iglesia que fue dañada y quemada durante el asedio de Cork sobre 1690. Desde dicho año hasta 1865, el edificio permaneció en ruinas, hasta que en en 1865 se demolió por completo para construir la catedral que podemos ver hoy en día. El diseño actual corresponde a un tal William Burges.

Catedral de Saint Finn Barre

La catedral destaca por sus tres chapiteles, sus numerosos pináculos así como las gárgolas que pueblan el techo y que nos hacen recordar vagamente a la malograda Notre Dame de París.

Fachada principal de Saint Finn Barre

La Catedral se sitúa en una preciosa zona ajardinada en la que refugiarnos en días de calor, como fue nuestro caso. Entre las curiosidades de este jardín que rodea a la bonita catedral encontramos incluso una pequeña zona de juegos conocida como el Laberinto que no es más que un pequeño camino en círculo para que los más peques de la familia pasen un rato agradable.

Laberinto de Saint Finn Barre

Tras estar un rato jugando con los peques, nos decidimos a entrar para verla por dentro.


Precios y horarios de la catedral

El precio de la entrada es de 6€ por persona (Junio 2020), siendo gratuita la entrada para menores de 16 años.

En cuanto al horario, tenemos lo siguiente:

  • De lunes a sábado, de 09:30 a 17:30
  • Los domingos de abril a octubre, de 13:00 a 14:30 y de 16:30 a 17:00

Una vez dentro, ya nos dimos cuenta que, lo que habíamos visto anteriormente en la Iglesia de Santa Ana era simplemente una excepción, ya que el interior de la catedral era tal y cómo nos lo imaginábamos y como corresponde a la idea que todos llevamos en mente.

Precioso interior de la Catedral de Saint Finn Barre

Sin ser nada especial, la verdad es que nos gustó mucho, sobre todo la parte en donde se encuentra el púlpito con un precioso techo decorado decorado con diferentes figuras religiosas que no acertamos a identificar.

Bonito púlpito de Saint Finn Barre

Tras a una agradable visita, poníamos lugar a la que sería la última visita del día y a la postre, la última del viaje, Fort Elizabeth.

Fort Elizabeth, la fortaleza de Cork

Nos tenemos que remontar ni más ni menos que al año 1601 para encontrar los orígenes del Fort Elizabeth. Por entonces, el Presidente de Munster, Sir George Carew, ordenó levantar una fortificación en lo alto de la colina de la ciudad, para poder defender la misma. La fortificación se construyó usando tierra y madera. Apenas dos años después, tras el levantamiento de Cork, Fort Elizabeth fue destruido.

Tras unos cuantos años en el olvido, la fortaleza fue reconstruida esta vez en piedra. Gran parte de aquella primitiva fortaleza ha llegado casi intacta hasta nuestros días.

Murallas del Fort Elizabeth

A través de sus más de 400 años de historia, han sido muchos los usos que se le han dado, entre los que cabe destacar el de prisión, barracones para soldados e incluso como almacén de comida.

Si queréis leer más detalles acerca de Fort Elizabeth os recomiendo que visitéis la web oficial de la ciudad de Cork donde podréis aprender mucho más acerca de esta primitiva construcción.


Precios y horarios

La entrada al fuerte es gratuita para todo el mundo. Si estáis interesados en realizar un tour guiado (en inglés), el precio es de 3€ por persona (gratuito para los menores de 12 años) (Junio 2020).

En cuanto al horario:

  • De octubre a abril
    • De martes a sábado de 10:00 a 17:00
    • Domingos de 12:00 a 17:00
  • De mayo a septiembre
    • De lunes a sábado de 10:00 a 17:00
    • Domingos de 12:00 a 17:00

La visita en sí, no nos pareció nada del otro mundo. Simplemente se trata de subir a la muralla y dar un paseo sobre ella pero no es una visita a la que se le pueda sacar demasiada chicha. Sin lugar a dudas, lo mejor de todo son las vistas de la ciudad que podemos obtener desde cualquier ángulo.

Preciosas vistas de Cork desde Fort Elizabeth

Con esta visita dimos por finiquitado el día y ya simplemente lo dedicamos a pasear sin rumbo fijo con el único objetivo de ver el ambiente de la misma. Ahora sí, el viaje llegaba a su fin y ya simplemente nos quedaba volver a Dublín para tomar un avión de vuelta a casa.

Atrás quedaban la bonita Dublín, el día en que conocimos a los gigantes o esos acantilados de infarto en Moher.

Como ya es tradición, en el siguiente artículo os desglosaremos el presupuesto del viaje así como lo que más y lo que menos nos ha gustado de Irlanda.

¡¡Hasta pronto Irlanda!!

 

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